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Salamanca en el mundo

Dar un ejemplo de responsabilidad madura

Es un asunto bien conocido que el principal activo de Salamanca es la proyección internacional de su universidad basada en su historia legendaria, pero también en su desempeño actual en frentes muy variopintos. Desde la diseminación del pensamiento universal elaborado en sus aulas hasta la investigación hoy presente en foros y en medios internacionales. Desde la diversidad de su estudiantado hasta la presencia de personal científico y académico foráneo en seminarios, foros y congresos internacionales celebrados en la universidad. Desde el atractivo turístico de sus edificios e instalaciones hasta la seducción del embrujo de sus espacios por parte de sus cientos de miles de visitantes anuales. Sí, Salamanca es patrimonio cultural de la humanidad y su universidad es responsable de ello.

Sin embargo, hoy, lamentablemente, Salamanca es conocida por otra cuestión. Me encuentro en Panamá como observador de los comicios que se celebran este domingo en el país. El jefe de la misión electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) con la que no estoy vinculado al saludarme con afecto me dice textualmente: “ya estamos al tanto de lo que está pasando en la elección a rector de tu universidad, ¡qué pena que ese hombre sea el candidato único!”. No obstante, mi sorpresa ante la circunstancia de que estuviera al corriente se desvanece enseguida al recordarme el affaire boliviano que tan graves consecuencias tuvo para la institucionalidad democrática del país (y de la región). Sí, en aquel momento, me vino a la memoria mi intervención en un Claustro, en plena post pandemia, pidiendo explicaciones sobre la decisiva presencia (por muchísima gente ignorada) de personas vinculadas a nuestra universidad en las funestamente célebres elecciones de 2019 en el país andino. Solicitud que fue ninguneada por completo. ¿De aquellos polvos vienen hoy estos lodos?

Después de mis dos textos anteriores de marzo y de abril había decidido no volver a escribir sobre el triste momento que vive la universidad y más aún tras el nítido mensaje de Emilio de Miguel de esta semana. Pero el encuentro recién descrito ha revuelto mi conciencia en tanto que miembro de la Universidad de Salamanca desde hace 31 años, que en breve dejaré de estar administrativamente vinculado a ella de manera definitiva y que continúo manteniendo mi compromiso institucional. Resumo tres argumentos bien conocidos y planteo una cuestión a guisa de propuesta con cierto componente ejemplarizante.

En primer lugar hay que recordar que la dimisión en marzo del anterior rector sigue sin explicación, ignorando la responsabilidad contraída en el ejercicio de su función y compromiso público en la línea de la necesaria rendición de cuentas y de la consiguiente transparencia. En segundo término, conviene no olvidar que la convocatoria de las elecciones en abril se hizo de forma apresurada sin dejar margen para abrir un debate en el seno de la comunidad universitaria dificultando la floración de diferentes candidaturas que expresaran la pluralidad de visiones y de sensibilidades existentes. Por último, es necesario subrayar que el actual único candidato a rector, miembro del equipo rectoral saliente, cuenta con una trayectoria profesional que debe ser aclarada suficientemente. Su actuación en el caso boliviano recién citado, así como las denuncias formuladas en sendos reportajes publicados en El País no pueden avalar su investidura como nuevo rector sin que medie una explicación convincente.

Por todo ello, propongo a la comunidad universitaria salmantina llevar a cabo el próximo día 7 una jornada de compromiso cívico acudiendo a las urnas para votar en blanco. Amargamente, es posible que ello no tenga consecuencias inmediatas, o quizá sí. Sin embargo, me parece que es imprescindible realizar un sano ejercicio de pedagogía ciudadana y de explicación pública. De este modo, estimo que no votar al candidato único será un mensaje claro de gran impacto que servirá para honrar el prestigio nacional e internacional de la Universidad de Salamanca en clave de una imprescindible lección de ética de la responsabilidad.